Cómo saber si tengo traumas de la infancia

como saber si tengo traumas de la infancia

Es completamente normal preguntarse cómo saber si tengo traumas de la infancia, no siempre nace de un recuerdo claro ya que muchas veces bloqueamos este tipo de situaciones en nuestra memoria. A veces es como una sensación difícil de explicar, como una reacción desproporcionada o que te cueste confiar en la gente.

Los traumas infantiles no siempre se presentan como una escena concreta que recordamos perfectamente, se manifiestan en la vida adulta a través de patrones, problemas en las relaciones, etc. Vamos a ver exactamente qué son, las señales que nos pueden ayudar a identificarlos y cómo se pueden empezar a trabajar.

¿Qué es un trauma infantil?

Un trauma infantil es una experiencia vivida durante la infancia que supera la capacidad emocional del niño para comprenderla, procesarla o sentirse a salvo. No depende solo de lo grave que parezca desde fuera, sino de cómo lo vive la persona, si tuvo apoyo, si ocurrió de forma repetida y si pudo sentirse protegida después.

Puede estar relacionado con una situación bastante evidente, como puede ser el abuso, violencia, negligencia o abandono, pero también puede surgir de algo más complicado de percibir desde fuera, como crecer en un entorno emocionalmente frío, recibir críticas constantes, sentirse ignorado o tener que madurar demasiado pronto.

Hay que tener en cuenta que la infancia es una etapa muy sensible, es cuando construimos la autoestima, seguridad y nuestra forma de relacionarnos, por lo que si creces sintiendo que no puedes confiar, que tus emociones molestar o que debes estar siempre alerta, puedes interiorizar esas ideas como si fueran verdades.

Traumas psicológicos de la infancia

Los traumas psicológicos de la infancia pueden tener muchos orígenes, y aunque en algunos casos son puntuales en otros se repiten durante años. Es cierto que en muchos casos son evidentes pero otros quedan escondidos bajo frases como que no era para tanto, que en su casa era normal o que a otros les fue peor.

Uno de los más frecuentes es el bullying. Sufrir acoso escolar puede afectar profundamente a la autoestima, la seguridad personal y la forma de relacionarse, ya que un niño que es ridiculizado, excluido o humillado de forma repetida puede crecer con la sensación de que hay algo malo en él. Además, hay otros como:

  1. Entornos de riesgo y exclusión social, como la pobreza extrema, inestabilidad familiar, violencia en el entorno o la sensación constante de inseguridad.
  2. Traumas vinculados a la parte emocional y relacional, sobre todo si se ha pasado por un abandono emocional, falta de afecto, invalidación constante, ausencia de figuras paternas seguras, tener que ganarse el cariño o el medio a molestar o decepcionar.
  3. Estar expuesto de forma constante a críticas, exigencias o comparaciones.

Ten en cuenta que no todos los niños van a reaccionar igual ante las mismas situaciones, pero de cualquier forma, la presencia de un adulto protector, el temperamento y el contexto influyen y mucho, por lo que si una experiencia dejó miedo, vergüenza, culpa o inseguridad hay que trabajarlo con cuidado.

Cómo saber si tengo un trauma de la infancia

No siempre es fácil identificar estos traumas porque a veces no hay un recuerdo claro. Otras veces sí recordamos lo ocurrido, pero lo hemos normalizado tanto que no lo relacionamos con nuestra vida actual.

Así pues, una buena forma de empezar para saber si tienes un trauma de la infancia es observar patrones, especialmente las que parecen demasiado intensas, automáticas o difíciles de controlar.

Dificultades sociales

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Una señal habitual de trauma infantil no resuelto son las dificultades para relacionarse o vincularse con los demás, pudiendo aparecer miedo a confiar, la sensación de que no encajas, tendencia a aislarte o la necesidad constante de agradar para evitar el rechazo.

Algunas personas sienten que siempre están interpretando lo que los demás piensan, otras se muestran muy independientes, pero en realidad les cuesta pedir ayuda porque aprendieron que depender de alguien era peligroso o inútil.

Por supuesto, también puede ocurrir lo contrario, necesitando una necesidad intensa de aprobación, miedo al abandono o relaciones donde toleras demasiado por temor a quedarse solo, pero en todos los casos el vínculo con los demás se vive desde la alerta, no desde la calma.

Reacciones muy desproporcionadas

Otra pista importante son las reacciones emocionales que parecen demasiado grandes para la situación que es. Por ejemplo, una crítica pequeña e incluso constructiva puede sentirse como una humillación enorme; un cambio de planes puede generar ansiedad intensa y un tono de voz seco puede activar miedo, rabia o bloqueo.

Con esto, no quiero decir que estés exagerando, más bien que algo del presente está tocando una herida antigua, y es que tu cuerpo no tiene por qué distinguir siempre entre lo que está pasando ahora y lo que se parece a algo que antes te hizo daño.

Autocrítica demasiado dura

Muchas personas con traumas infantiles viven con una voz interna extremadamente crítica, se hablan con dureza, se exigen demasiado y sienten que nunca hacen suficiente. Es algo que suele formarse en entornos donde el error era muy castigado, donde el afecto dependía del rendimiento o donde se recibían críticas constantes.

Con el tiempo, esa voz de fuerza se convierte en algo interno, haciendo que aunque tengas logros, capacidades o una vida estable, te sientas por dentro en deuda, siempre fallando o por debajo de lo esperado. Esta forma de vivir genera bastante agotamiento a nivel emocional y dificulta el que disfrutes de tus propios avances.

Nerviosismo y ansiedad

No tiene por qué ser una ansiedad ligada a algo en concreto, puede ser una sensación de fondo, como estar intranquilo, esperar que algo salga mal o que no te puedas relajar del todo. Si creces con la sensación de que debes anticiparte a todo, puede acabar en:

  • Necesidad de control.
  • Preocupación excesiva.
  • Tensión en los músculos.
  • Problemas digestivos.
  • Insomnio.
  • Dificultad para descansar sin culpa.

Pesadillas

Si se repiten varias pesadillas pueden ser otra señal, por que a veces están relacionadas directamente con experiencias traumáticas, pero otras aparecen de forma simbólica, como persecuciones, caídas, encierros, abandono, peligro o situaciones donde te puedas sentir vulnerable.

No todas las pesadillas indican trauma, por supuesto, pero si son frecuentes, intensas o aparecen junto a otros síntomas, tenemos que prestarles atención.

Bloqueos de memoria

Algunas personas no recuerdan partes de su infancia o tienen recuerdos muy fragmentados. La memoria no funciona como una grabación exacta, y cuando una experiencia es muy dolorosa, especialmente en la infancia, la mente puede bloquear, separar o difuminar partes del recuerdo como forma de protección.

No recordar no confirma automáticamente que haya habido un trauma, pero tampoco lo descarta. A veces el cuerpo conserva sensaciones, miedos o reacciones aunque la memoria no esté completa, por eso, más que forzar recuerdos, suele ser más útil observar qué emociones y patrones aparecen hoy.

Hipervigilancia

La hipervigilancia consiste en vivir en estado de alerta. Puedes estar analizando gestos, tonos, silencios, cambios de humor o posibles amenazas incluso en contextos seguros y, aunque pueda parecer intuición, la gran parte de las veces es supervivencia aprendida.

El problema es que vivir siempre alerta agota, la mente no descansa, el cuerpo se tensa y las relaciones se vuelven más difíciles porque todo se interpreta como una posible señal de peligro.

Sentimientos de culpa

La culpa es muy frecuente en personas con heridas de infancia, ya sea por poner límites, por enfadarse, por necesitar ayuda, por no cumplir expectativas o por cosas que nunca estuvieron bajo su control o responsabilidad. En la vida adulta, esa culpa puede seguir activa y aparecer cuando la persona intenta priorizarse, decir que no o salir de dinámicas dañinas.

Adicciones

Las adicciones también pueden estar relacionadas con traumas infantiles no resueltos, y no solo en lo referente a sustancias, también pueden aparecer adicciones a la compra, la comida, el sexo, el trabajo, el móvil, el juego o la necesidad constante de aprobación.

Estas conductas adictivas funcionan como una forma de regular emociones difíciles, sirviendo para calmar ansiedad, llevar el vacío, evitar recuerdos, escapar del dolor o sentir que tú tienes el control, aunque sea solo por un momento. El problema es que este alivio es temporal, así que después puede aparecer culpa, vergüenza o más malestar.

Miedo de no estar a la altura

Otra señal frecuente es vivir con miedo constante a no ser suficiente, no ser buena pareja, buen profesional, buen amigo, buen hijo, buena madre o buen padre. Puedes sentir que te esfuerzas muchísimos pero que no llegas nunca, como que siempre tienes algo que mejorar o compensar.

Este miedo suele estar vinculado a infancias donde el cariño, la aprobación o la seguridad estaban condicionados al comportamiento. Si el niño aprendió que debía ser perfecto para ser querido, en la vida adulta puede seguir intentando ganarse su lugar.

Cómo afectan los traumas infantiles no resueltos

como saber si tengo un trauma infantil

Los traumas infantiles no resueltos pueden afectar a muchas áreas de la vida adulta, no porque la persona quiera quedarse atrapada en el pasado, sino porque la mente y el cuerpo siguen funcionando con aprendizajes antiguos. Por ejemplo:

  1. En las relaciones pueden aparecer miedo al abandono, dependencia emocional, dificultad para confiar, evitación de la intimidad o elección de vínculos que repiten dinámicas conocidas aunque hagan daño.
  2. En la autoestima, puede haber sensación de no valer, vergüenza, dificultad para reconocer logros o necesidad constante de validación externa.
  3. En el trabajo o los estudios, el trauma puede manifestarse como perfeccionismo, bloqueo, miedo al error, necesidad de control o dificultad para descansar
  4. En tu propio cuerpo, el estrés que mantienes durante años puede favorecer que aparezca tensión muscular, fatiga, alteraciones del suelo, problemas digestivos o la sensación de que siempre vas acelerado.
  5. A nivel emocional, pueden generar ansiedad, tristeza, irritabilidad, vacío, desconexión o cambios bruscos de estado de ánimo.

Dicho esto, lo importante es que entiendas que el trauma no resuelto no vive solo en el recuerdo, vive en las respuestas automáticas, en las defensas, en los miedos y en la forma de interpretar el mundo.

Cómo superar traumas de la infancia

Para superar los traumas de la infancia, no debes borrar lo ocurrido ni hacer como si no hubiera pasado, hay que integrar esa experiencia sin que siga dirigiendo la vida desde la sombra.

El primer paso suele ser reconocer que algo duele, ya que muchas personas pasan años minimizando lo que vivieron. Después, es importante observar los propios patrones pero sin culpa. Algunas preguntas que te pueden ser de utilidad son:

  • ¿Qué situaciones me activan demasiado?
  • ¿Qué tipo de relaciones repito?
  • ¿Qué emociones me cuesta sostener?
  • ¿Qué necesito controlar para sentirme seguro?
  • ¿Cómo me hablo cuando fallo?
  • ¿Qué me da miedo pedir o expresar?

El saber cuidarse también tiene un papel, así que es importante dormir bien, moverse en el día a día, escribir, respirar de forma consciente, reducir los estímulos que recibimos, crear rutinas y rodearse de personas que sentimos como seguras.

Aun así, cuando hablamos de traumas infantiles, la terapia suele ser una herramienta fundamental, puesto que un profesional te ayudará a trabajar los recuerdos, emociones, creencias y respuestas corporales de una forma mucho más segura.

Existen diferentes enfoques terapéuticos útiles, como la terapia cognitivo-conductual centrada en trauma, EMDR, terapia somática, terapia de aceptación y compromiso, terapia de esquemas o enfoques integradores.

Dicho esto, es igual de importante que construyas relaciones más sanas, por ejemplo, amistades respetuosas, parejas donde hay comunicación y espacios donde se puede ser uno mismo sin miedo.

FAQs sobre los traumas infantiles

¿Es posible no recordar un trauma infantil?

Sí, es posible no recordar claramente ciertas experiencias de la infancia. Algunas personas tienen recuerdos fragmentados, lagunas o sensaciones corporales y emocionales que no saben asociar a un hecho concreto.

Lo importante no siempre es encontrar una escena exacta, sino trabajar con lo que aparece hoy, lo que vienen siendo tus emociones, síntomas, patrones, miedos y formas de relacionarse. Si sospechas que hay algo importante que no recuerdas, lo más recomendable es que lo trates con un psicólogo profesional.

¿Cómo se comporta una persona con traumas de infancia?

Esto depende bastante de cada persona, algunas se muestran muy independientes, controladoras o autosuficientes, otras pueden ser complacientes, inseguras o muy dependientes emocionalmente.

También puede haber dificultad para confiar, miedo al abandono, evitación de conflictos, explosiones emocionales, ansiedad, necesidad de control, perfeccionismo o bloqueo. Lo importante es que no te quedes solo con lo externo por que detrás de una reacción intensa suele haber una historia de protección, miedo o dolor sin resolver.

¿Cómo ayudar a una persona con traumas infantiles?

Lo primero es no juzgar ni presionar, así que no digas frases como que eso ya pasó que tiene que superarlo, suele hacer más daño que bien aunque lo digas con buena intención. Lo mejor es que escuches, valides y respetes sus tiempos.

También es importante animar a buscar ayuda profesional si el malestar afecta a su vida diaria, sus relaciones o su salud.

¿Cuáles son los traumas de la infancia más comunes?

Entre los traumas infantiles más comunes encontramos el abandono emocional, la negligencia, el maltrato físico o psicológico, el abuso sexual, el bullying, crecer en entornos violentos, vivir con cuidadores imprevisibles, sufrir críticas constantes o sentirse responsable de problemas familiares.

También pueden ser experiencias traumáticas como una separación conflictiva, una enfermedad grave, la pérdida de un ser querido, mudanzas repetidas, exclusión social o vivir en un ambiente donde el niño no podía expresar sus emociones.

¿Se pueden llegar a superar?

Sí, los traumas de la infancia se pueden trabajar y superar, que no quiere decir olvidar, justificar ni negar lo ocurrido. Significa que esa experiencia deja de controlar la forma en la que la persona se ve a sí misma, se relaciona y vive el presente.

El proceso lleva tiempo, pero es posible al 100%, la mente y el cuerpo tienen una gran capacidad de reparación cuando encuentran seguridad, apoyo y las herramientas adecuadas.

¿Cuál es la terapia más eficaz?

No hay una única terapia perfecta para todos los casos, pero las terapias centradas en trauma suelen ser las más recomendadas, así que las que más destacan son la terapia cognitivo conductual, EMDR y las terapias de exposición, esquemas y somáticas.

Redactado por: Ana Castillo Castillejo, psicóloga infanto juvenil y familiar.